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Tratamiento
Con seguridad el dolor agudo constituye la forma más expresiva del dolor desencadenando toda una cascada de reacciones que afectan a distintos órganos y sistemas (respiratorio, cardiocirculatorio, digestivo y endocrino-metabólico), aumentando de una forma considerable la morbilidad y afectando evidentemente la calidad de vida del paciente.
Según su intensidad, podemos clasificar el dolor agudo en: leve, moderado, intenso e insoportable. Por ello a la hora de plantearnos su abordaje terapéutico existen una serie de objetivos a alcanzar, estos son: minimizar o eliminar la sensación de disconfort por parte del paciente, facilitar la recuperación del proceso agudo y eliminar o controlar de una forma efectiva los efectos secundarios asociados al tratamiento. Su tratamiento correcto se fundamenta en la utilización de la Escalera Analgésica de la Organización Mundial de la Salud, que lo separa en tres escalones dependiendo en gran medida de la intensidad del dolor; en aquellos cuadros de dolor con una intensidad comprendida entre leve y moderada, los analgésicos de elección son los analgésicos periféricos o AINEs, estos comprenden un amplio grupo de fármacos que no presentan ninguna capacidad de fijación a los receptores opiáceos y que se caracterizan por presentar tres efectos comunes: analgesia, antiinflamatorio y antitérmico.
En los cuadros de dolor intenso están recomendados los opioides menores, si bien estos se pueden asociar con AINEs. Cuando la intensidad del dolor pasa a considerarse como severo o insoportable se debe intentar su control mediante la administración de opioides potentes, bien solos o en combinación con AINEs. Si con la administración correcta de estos fármacos no es posible controlar el dolor, debemos recurrir a técnicas especiales, tales como la administración directa de fármacos en la vía espinal y los bloqueos nerviosos tanto periféricos como centrales.
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